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| Estudiante de Psicología dando una simulación de una sesión terapeútica. - Ph: Guadalupe Burgos. |
Sin llegar a sonar trágico, hay dolores de los que uno no se recupera. Situaciones que pueden ocurrir en un momento u otro, pero que marcan cada uno de los pasos que damos en la vida, incluso hacia un destino funesto. Explicar esto, así como retratar las circunstancias en la que una estudiante del primer año de la carrera de Medicina decidió quitarse la vida, resulta harto complicado si no se parte de la base que, en el mejor de los casos, es ignorada: la salud mental no es un juego.
Parecería una premisa sencilla de entender y comprender, sin embargo, en nuestro país no ha tenido la resonancia necesaria. Sí que hasta se presume tener el título del país "más feliz del mundo", aunque hay una arista poco recalcada: Paraguay es el cuarto país de Latinoamérica con más casos de depresión y ansiedad. Incluso para la nación más propicia para la felicidad, los trastornos mentales son un mal insalvable.
Muchas veces asocian la ignorancia con el buen vivir mental. Otros, la humildad o precariedad, ya que la vida es "más sencilla" y por ende, menos estresante. Sea una de estas correlaciones la acertada no se puede negar que en esta materia Paraguay ha sido pobre e ignorante. Sin ir muy lejos, el psicólogo era un loquero y su paciente, sin distinguir su cuadro, era el mayor de los lunáticos. Sentirse en la necesidad de acudir a un profesional de esta índole era motivo de burlas o incluso de discriminación. Solo algo tan serio como la muerte parece ser lo suficientemente para todos.
La vida de esta chica, supuestamente, con situación "privilegiada" por ser de las pocas que cada año ingresa a una casa de estudios, para formar parte de solo el 10 % de la población que accede a estudios terciarios, sería para muchos un sinsentido, teniendo esta gran chance, dirían. Lo cierto es que dentro de los privilegios -para una sociedad donde estudiar es más un lujo que un derecho- caemos en la cuenta que nadie puede quejarse, sentirse mal o deprimirse. Como si por estar en un cargo o en un cupo un poco más cómodo, la vida resulta más fácil. Es acá donde debemos enterarnos que, en realidad, esto no es así ni nunca lo ha sido.
Que el contexto obligue a uno a adaptarse no implica un estado mental sano. La OMS habla de un bienestar tanto interno como en el entorno. Sin darnos cuenta -en nuestro inocente desconocimiento- podríamos estar necesitando de ayuda, cual enfermo grave que nunca ha tenido cita con el doctor. Es un error pensar que es una cuestión de debilidad o de "modas" ya que se achaca a los tiempos modernos por todo, cuando solo saca a la luz los defectos que hemos tenido por siglos. Afortunadamente, hasta en este país descubrimos que todos podemos necesitar ayuda.
En tiempos donde la gente se abre a escuchar diversas campanas, deberíamos ser, como universitarios, los estandartes de "normalizar" -otra palabra de moda- el pedir ayuda en casos donde "no nos sentimos bien", cuando es mucho más complicado que eso. Del mismo modo, entre nosotros, deberíamos hacer más fácil nuestro tiempo como estudiantes, funcionarios o docentes. También nosotros necesitamos una mano. Lo ideal es que la extendamos para que otro pueda hacerla, y así hacer que realmente Paraguay sea el país propicio para la felicidad.







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