En la etapa universitaria se crean fuertes lazos de amistad. Foto: Sofía Céspedes
El mundo universitario a veces resulta ser caótico, con varios pendientes, tareas y responsabilidades con las que cumplir. La etapa de adaptación a este nuevo ciclo es un verdadero desafío, puesto que va a acompañada de incertidumbres, dudas y presiones extras. Pareciera ser que los pendientes se multiplican, las horas son menos de las deseadas, y por sobre todo, cada mínimo punto de cualquier trabajo práctico o examen tiene un valor único.
Pero no todo se reduce al estrés provocado muchas veces por la falta de tiempo y las innumerables tareas por hacer, ya que en medio de todo ese caos siempre encontramos risas, apoyo y momentos agradables con esos amigos que nos han acompañado desde el inicio de la carrera y con quiénes compartimos tantos sueños en común. A veces unas horas de estudios pueden ser las más inolvidables si van acompañadas de personas que más que nadie comprenden lo que implica resisitir y mantenerse fuerte en esta etapa, en donde la única meta es culminar de manera satisfactoria el año y la carrera.
Tener un sostén, un buen amigo, más que un simple compañero es fundamental para cualquier universitario, ya que por naturaleza somos seres sociables y requerimos relacionarnos de manera constante. Pero con más razón en este periódo en el que necesitamos debatir, charlar, preguntar, opinar, consultar, pedir y recibir favores, más aún una frase que te diga que vas a poder, que van a poder.
Esa mano amiga, ese pequeño alivio de saber que no está solo en este largo camino, es un verdadero consuelo. Esa mano que muchas veces te da un empujón cuando ya no podés, que te presta los apuntes, que te resuelve una duda, que te ayuda a ser una mejor versión, esa mano es la que nunca vas a arrepentirte se sostener.
Thalia Núñez Trinidad







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