Pese a que voy a publicar en un espacio visible para el público -el blog del curso-, me gustaría dejar constancia de absolutamente todo lo que aprendí este año. Solo me ha dejado enseñanzas y sobre ello, solo tengo palabras de agradecimiento para vos, profesor.
Nuestro proyecto comenzó con la elección de "S café". Una acogedora cafetería ubicada sobre Comandante Gamarra que siempre nos dio un buen trato como clientes. Al hablar con la encargada del lugar, ella accedió sin problemas al asesoramiento. El incoveniente con el lugar no vendría hasta tiempo después, cuando les pedimos poder utilizar las redes sociales del sitio, que pudimos constatar necesitaban de un trato más profesional. El verdadero dueño, se negó y por ende, buscamos un nuevo sitio a poco tiempo de concluir.
La primera gran lección vino en este tema, que me servirá para próximas ocasiones. El ofrecer un trabajo totalmente gratis, con evidentes beneficios para el propietario, no bastó para satisfacerlo, lo cual me recordó que en esta profesión -y en cualquier otra, supongo- nos vamos a encontrar con personas, menos instruidas, a las cuales se nos será muy difícil hacerle entender los beneficios que trae el perfeccionamiento y la técnica bien aplicada, porque atenta contra su folklórico "vai vai" o su idiosincrático "peichante", por lo que en el mejor de los casos, nos pondrán excusas para no darnos una oportunidad; en el peor, nos rechazarán hasta con escarnio y sonoras carcajadas, por "querer" nosotros, noveles comunicadores, lo que él aprendió en menos tiempo y "mejor".
Cuando por fin encontramos asilo en figura de madera llamada "Las Mellizas", comprendí que también, necesariamente, habría gente en el otro extremo del espectro: Gente igual de trabajadora, que acepta sin ruborizarse o con el ceño fruncido a aprender, por muy cara sucia que sea su profesor. Gente que sí valorará el sacrificio que hacemos, al fin y al cabo, para hacer a la sociedad un poco mejor.
Empezando a grabar los materiales comprendí también la bajísima práctica y peor desnvolvimiemto que teníamos al vernos en tareas como esta. No es que estuviésemos varados en el desierto, pero la desorientación que padecíamos al ser nosotros "dueños de nuestro tiempo" no condice con el último año que tenemos para "aprender y errar" sin consecuencias. En lo personal, no me sentía como un muchacho a punto de ser licenciado, sino como uno que acaba de enterarse que hizo más de 300 puntos en los exámenes de ingreso.
Más allá de lo logrado que salgan los trabajos, parecería ser el verdadero aprendizaje qué tan buenos somos siendo nuestros propios jefes. Qué tan buenos seremos con solo un salvavidas en la mar profesional a la que estamos por entrar. La experiencia es algo que se adquiere con años, aunque el "deber por el deber", como diría Kant, está casi tan adentro como nuestra fe en algo superior. Al menos, si nunca te lo han inculcado como necesario.
Lo que aprendí, profesor, con este trabajo como con usted todo el año, es que más allá de ser más ducho en Canva o saber qué es la web 4.0, no sé realmente lo necesario para sentirme como un verdadero profesional. Me recordó que al salir de esta facultad con el cartón en mano, no tengo, ni mucho menos la verdad o alguna certeza clara. Siempre debo seguir formándome para alguna vez sentir que estoy cerca de mi meta: Hacer un cambio significativo desde donde estoy. Gracias






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