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| Estudiantes cumpliendo una exigencia básica: Asistir a clases |
Los datos que llevan tiempo recorriendo medios de comunicación es de la alarmante situación a nivel país de la educación. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, Paraguay está a solo unos pasos de tener la peor educación del mundo. Un récord que difícilmente un país desee tener. No obstante, la gran pregunta es hasta qué punto puede tener el mismo estudiante un grado de culpa en todo esto.
La formación que le damos a nuestros jóvenes es, literalmente, de las peores que existen ¿Qué sucede entonces? llegados, con mucha suerte, a la Universidad, tenemos chicos no solo con una formación más baja de lo deseable, sino que los estudiantes ingresan y egresan sin el menor interés en mejorar la precaria situación.
Hablamos de una complicidad del alumno porque cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que el principal beneficiado/afectado del nivel educativo no esté interesado en ella? Muchas veces, el deseo material supera al intangible. Se anhela desmedidamente el cartón de licenciado o ingeniero y el camino, el desarrollo o el contenido que da valor a ese documento no importa. El aprender no es necesario, si se quiere, solo se precisa el dichoso título.
Aunque claro, el mismo estudiante, otra vez, no está solo. Este se halla rodeado de condicionantes como ¿Trabaja a la par? ¿Vive con su familia aún? ¿Qué sucede cuando el estudiar responde a la imperiosa necesidad de salir de la pobreza cuanto antes? Otra vez, el querer aprender queda supeditado a cuestiones tan relativas como menesterosas, tal cual es el caso de comer todos los días y llevarles el pan a la familia.
Podríamos señalar a la pobreza y al desinterés como los principales culpables. La primera, obliga al joven a escatimar esfuerzos porque debe preocuparse de sus labores impostergables como trabajar para poder pagar sus estudios. La segunda, es aún peor, porque, habiendo o no escasez de recursos, el joven no encuentra nada rescatable de ir a la Universidad. No asiste, no entrega tarea y recursa casi sinvergüenza, cuando se evidencia que en un país como este, estudiar en la Universidad es un privilegio antes que una opción real para muchos.
Podríamos decir que, gran parte de la culpa se debe a la pasividad del estudiantado, pero el Estado es otro gran responsable del bajo nivel que tenemos. Los alumnos, que dentro de todo, encuentran el valor de ir a la Universidad, deben elevar su voz y enseñar a sus compañeros que no solo deben cuidar el lugar que tienen, sino que deben exigir más a las autoridades para que podamos mejorar los muchos defectos que existen







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